Pos…, ¡ahora sí que sí se han terminado las vacaciones de Semana Santa: mañana empieza el cole!
A un millón de madres les gusta esto.
😀 😀 😀

Y parece que también por fin, ha llegado la primavera.
Hasta ahora, no sabes exactamente cómo vestirte porque sí, el sol está pero el frío también, y por la mañana el abrigo no te sobra, pero hacia mediodía ya no sabes qué hacer con él. Con el abrigo, digo.
Estamos en ese momento en el que lo que ves a tu alrededor, hace que te sientas más fuera de lugar todavía: Lo mismo ves unos shorts combinados con unos tirantes y unas botas pelonas, que un plumas con unas sandalias, así que estamos en este momento de temperatura vital de ande yo caliente y ríase la gente más que en el momento de dónde fueres haz lo que vieres.
Te volverías loco.
Y kitsch.

Porque sí: hay prendas que fueron súpermuy moda en su momento pero ya no lo son aunque solo hayan pasado unos meses, pero que muy probablemente vuelvan a ser tendencia dentro de unos años.
¿Hay que tener prendas de vestir que sean tendencia? Sí y no.
Alguna hay que tener siempre pero sin llevar la tendencia al extremo, porque una cosa es la tendencia original y otra en lo que la convierten…, sobretodo ahora con las tiendas de ropa low cost.
Es más, algunos desvirtúan tanto esa tendencia que deberían regalar la prenda en cuestión para que nos la pusiéramos en vez de venderla por muy low cost que fuera.
Destrustoresssh, que diría la gran Rocío Jurado.
A ver si con un ejemplo práctico m’explico mejor… Una cosa es beberse unas copas de vino y otra, beberse La Rioja. Entera.
Menos es más,
maifriens.
Siempre.
Y no siempre todo vale.

¿Por qué chicas d’entre 20 y 25 años tienen que vestirse como si fueran Doña Cayetana de Alba, qu’en paz descanse? Pregunto. Incluso demasiado moderna resulta en ocasiones la duquesa comparando looks…
¿Por qué ese anaobregonismo qu’invade a algunas personas? Cada cosa tiene su momento.
Con la edad y la ropa, pasa lo mismo: si tienes 20 años, que parezca que tienes 20 años y no 57, y si tienes 57 años, pues…, que parezca que tienes 45. Podríamos rascar alguno más siempre que no nos salga esa Ana Obregón del interior a dar la nota, porque la nota, la das. Es más, das las siete notas y resulta que la voz es de pito.
Tan irritante como arañar una pizarra con las uñas.

¿Es necesario? En absoluto, sí ridículo.
Primero, porque nunca va a parecer si tienes 57 castañas que tengas 23, pero ¡ojocuidau!, que si tienes 23, sí puede parecer que tengas 40, y esto, es un putadón!
¿Por qué esa obsesión de parecer o aparentar lo que no somos al vestirnos? Hay un término de los enormérrimos Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla que me viene al pelo: viejóvenes.
Una cosa es querer disimular nuestras cosillas, que eso sí…, todas las tenemos 😀 😀 😀 y otra es de lo qu’estamos hablando. Bueno…, de lo qu’escribo yo y vosotros leéis…, que os puede parecer que qué voy a saber yo o qué voy a decir yo… La moda atemporal, señoras, es LA MODA en mayúsculas.
Ropa que te puedas poner una y otra vez sin que parezca la misma prenda. Ropa a la que tú decides dar el estilo que tú quieras en cada momento y no al revés. Ropa que puedes usar de año en año y que no va a dar la nota: esa es la verdadera moda, maidarlins.

Hace ya un rato que m’he ido del tema dirán algunos pero a los que me leen desde hace más tiempo, no se les habrá hecho raro. ¡Y lo que me queda todavía por desviarme…, ya os lo digo! 😛 😀 😀

Que’s primavera, en un hecho, y que por lógica empiecen a templar las temperaturas, también, así que ¡fuera los abrigos y a renovar los armarios! Toca rescatar lo que sí, y descartar lo que ni de coña.
Algunos ya tenéis colorcito, y eso anima. Yo sigo pareciendo Cásper porque la pereza m’invade para ponerme al sol, y porque no veo tres en un burro con la luz solar, que también. ¡Y cada vez va a más! Me lloran los ojos, se me tapona la nariz y empiezo a moquear. De penica,oiga.

Maemía…, no sé cómo ni cuándo voy a llegar ande quería llegar…, así que lo hago a lo bruto: como empieza a hacer bueno y ya no llevamos tanta ropa, empezamos a adornar los cuellos y los brazos con bisutería, y os dije que iba a daros detalles de cómo creamos nuestros joyos y por qué se llaman así.
¡Ufff…, lo que m´ha costau, mondié!

Lo primero que hicimos cuando empezamos con The·Blog  de nuestra nueva web, fue presentarnos; escribí una entrada en la que expliqué quiénes somos y qué es lo que hacemos: somos Ai lof llu atelier y hacemos joyos.
En una entrada posterior también conté que desde que empezamos a crear nuestra bisutería, siempre habíamos intentado poner nombre a cada una de nuestras pulseras sin demasiado éxito 😀 hasta que llegó el momento de presentarlas en nuestra web. Ahí ya sí que sí teníamos que decidirnos en poner a cada modelo su propio nombre porque si nosotras no sabíamos cómo llamarlos, imaginad vosotros…
Poner nombres a piezas de bisutería…, ohmaigod!, pero…, ¿cómo si no es con su nombre propio los vamos a presentar?

Voy a contar cómo se creó uno de nuestros joyos, una de las pulseras más vendidas de Ai lof llu atelier: la pulsera ANNE, antes conocida como la pulsera de mi hermana si la que hablaba era yo, y la pulsera de tu hermana si la que hablaba era Su.

Antes de abrir nuestra tienda, trabajábamos en una parte de mi casa donde teníamos todo nuestro material: cajas con de todo más o menos ordenadas en estanterías y una mesa grande. Trabajábamos por las mañanas las dos juntas en ese estudio para marcarnos una rutina de trabajo real.
Ahora ya tenemos nuestro tallercito 😛

En aquel momento en el que no teníamos tienda, todo lo hacíamos a través de facebook o los domingos en los mercadillos del Puerto Deportivo de Hondarribia. Bueno…, también alguna qu’otra feria interesante que salía y algún mercadillo más al que nos dejaban ir.

El tema es, que s’acercaba el cumpleaños de mi sister y se me ocurrió hacerle una pulsera especialmente para ella en vez de regalarle una de las que teníamos ya, así que ahí andaba yo a ratos, metiendo y sacando las diferentes piezas…, viendo si sí o si no…, hasta que sí: ¡tenía regalo!
¡L’encantó! No se la quita d’encima.
Para mi hermana el nombre de su pulsera era: la pulsera que m’hiciste.
Por si éramos pocos… ¡Una sola pulsera con mínimo tres nombres!.
Y digo mínimo, porque alguno más tenía…
Cuando decidimos empezar a montar esa pulsera para venderla, nos la pedían por las piezas que llevaba: la de las monedas…, la de los tubos y monedas…, la de las cosas colgando…
A veces nosotras no estábamos hablando de la misma pulsera que vosotros, o al revés. ¿Cómo íbamos a presentar nuestra colección en nuestra web sin un nombre? Nos urgía.

Hoy presentamos oficialmente uno de nuestros joyos. Con nombre, como cuando te presentan oficialmente a alguien, aunque ya lo tengas visto y sepas quién es de sobra.
Esta es la historia de uno de nuestros joyos, la historia de la pulsera ANNE.
Mi hermana no se llama así, pero sí mi sobrina, su primera hija.


¿Os suena? ¡Seguro! Incluso en facebook hicimos un sorteo dónde esta pulsera era una de las opciones de premio. Fue la elegida, por cierto…

Lo único que la diferencia de la primera, es un colmillo. 😛
Como diría la gran Amanda de Amanda Jandula Fotografía&Diseño, lo vuestro no es solo bisutería.
Lo nuestro es bisutería con una historia detrás: lo nuestro son joyos llenos de sentimientos.
Como sus fotografías. ♥♥♥